29 de marzo de 2013

Filmoteca: El gran dictador



Este viernes santo el Club propone a sus socios ver en el la Filmoteca una obra maestra de la historia del cine, El gran dictador, sin duda uno de los mejores largometrajes del genial Charles Chaplin, el mejor para mí de su etapa sonora (para mí Tiempos modernos no cuenta como sonoro, porque solo tiene una escena hablada, y no hay dios que entienda lo que dice, no dice absolutamente nada inteligible), y la última película en que interpreta el inmortal papel de Charlot (curiosamente, y no es un dato demasiado conocido, el primer filme en el que apareció era el villano del filme, y en esta cierra el círculo convirtiéndose en un dictador, curioso, ¿no?).

También el más arriesgado. Cuando hace el filme en 1940, ha estallado la Segunda Guerra Mundial, Hitler ya se ha cargado miles de judíos, comunistas, gitanos, homosexuales, subnormales, locos y ha invadido Austria, Checoslovaquia, Polonia Dinamarca, Noruega, los Países Bajos y Francia y lo peor está por llegar. No parece lo más adecuado que un judío como Chaplin haga comedia con semejante tema. Pues lo hace y a la vez hace la más tremenda visión de lo que debió ser Hitler, un fantoche peligrosísimo puesto en el mando por la industria y  la aristocracia alemana, con ansias de poder y de aniquilar al enemigo no inéditas desgraciadamente en Europa (hay persecuciones reconocidas en Europa hacia los judíos desde la peste negra, y los zares ya había masacrado miles de judíos en el siglo XIX, sus exterminios llamados pogromos se utilizan también como sinónimo de Holocausto), pero que el austríaco lleva a las más salvajes cuotas que se han visto. Chaplin lo lleva a su terreno, el humor, y lo destroza, sus escenas con el micrófono. la barbería y con la bola del mundo dicen más sobre el poder y el nazismo que cualquier estudio "serio" sobre el tema, aunque visto ahora su discurso final puede pecar de un tanto ingenuo, es el único pero que le puedo poner a una obra maestra. En 1942, otro judío como él y tan genial como el británico, Ernest Lubistch, daría otra vuelta de tuerca a la cuestión nazi memorable, To be or not to be, pero eso ya es otra historia, espero hablar alguna vez de ella aquí. Ambos filmes son dos comedias grandiosas y a la vez dos maneras de criticar el poder absoluto magistrales. Chaplin lo pagaría caro, estrena la estupenda Monsieur Verdoux ya en pleno macarthysmo perseguido sin piedad, y cuando va a estenar Candilejas en 1952 en Londres ya no le dejan volver, la película tarda la friolera de veinte años en estrenarse en USA (gana el Oscar a la banda sonora el año de El padrino, no es ningún chiste). En España, por supuesto El gran dictador no se puede estrenar hasta la muerte de Franco, era uno de los filmes míticos prohibidos por la censura, probablemente el que más junto con Viridiana. Además de una obra maestra y de su mensaje político, os lo pasaréis muy bien, es una película divertidísima, la escena de la bola del mundo es sin duda uno de los mejores gags de la historia del cine.

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